
Ficha
- Nombre latino
- Pavo (Pav)
- Estrella más brillante
- Peacock (α Pav)
- Brillo relativo
- 1,94 mag
- Catálogo Hipparcos
- HIP 100751
- Superficie
- 378 deg² (puesto: 44 de 88)
- Ascensión recta
- 17h 40m 40s a 21h 32m 44s
- Declinación
- -74° 58' 28'' a -56° 35' 19''
- Constelaciones vecinas
- Telescopio, Altar, Ave del Paraíso, Octante, Indio
Visibilidad
La constelación del Pavo
El Pavo es una constelación del hemisferio sur. Es circumpolar respecto al polo sur. Esto significa que sus estrellas están tan cerca del polo celeste que, vistas desde Sídney, nunca se ponen. Por tanto, allí la constelación está todo el año por encima del horizonte. Su estrella más brillante, α Pavonis, también conocida como Peacock (pavo real), representa con su impresionante brillo el ojo radiante del pavo real.
Historia
Mientras que las constelaciones del hemisferio norte ya se conocían desde la Antigüedad y se remontan a las más diversas mitologías, muchas constelaciones del hemisferio sur permanecieron largo tiempo sin nombre. No fue hasta el siglo XVI cuando alguien se ocupó de ellas. Entre 1595 y 1597, los navegantes neerlandeses Pieter Dirkszoon Keyser (primer piloto) y Frederick de Houtman (hermano del capitán) cartografiaron el firmamento austral durante una expedición, por encargo de Petrus Plancius. Influidos por las vivencias de su viaje a las Indias Orientales, dieron nombre a una docena de constelaciones: Camaleón, Mosca, Pez Volador, Indio, Grulla, Ave del Paraíso, Pavo, Fénix, Pez dorado, Hidra Macho, Triángulo Austral y Tucán. Los exóticos pavos reales del Sudeste Asiático habían causado una impresión tan grande en los navegantes neerlandeses que reconocieron a este fabuloso animal en el cielo nocturno. En 1603, Johann Bayer incorporó la constelación a su atlas celeste «Uranometria».
Mitología
El Pavo es una de las pocas constelaciones australes que pueden remitirse a la mitología griega. Según está escrito, Zeus se había enamorado de Ío, hija del dios fluvial Ínaco. Para ocultarla de su celosa esposa Hera, la convirtió en una vaca blanca. Pero Hera descubrió el plan y le pidió la vaca como regalo. Para no levantar sospechas, Zeus tuvo que acceder a su deseo. Hera encargó al gigante Argos que vigilara sin descanso a la amante de su marido. Argos tenía 100 ojos, de los que solo dos dormían a la vez. Zeus envió entonces a su hijo Hermes para liberar a Ío. Este adormeció a Argos tocando la flauta y le cortó la cabeza. Ío pudo huir y poco después recuperó su forma humana. Como homenaje especial, Hera colocó los ojos de Argos en el plumaje del pavo real, pues en el mundo mitológico los pavos reales eran los animales sagrados de Hera. Su majestuoso dibujo sigue siendo hoy un rasgo distintivo de estos animales.
